Librerías en Mérida

Eduardo Castro frente a su segunda casa

Eduardo Castro frente a su segunda casa

Tuve la suerte de llegar a la hermosa ciudad de Mérida justo el día de la primera nevada del año. Valió la pena el infame cambio de aeropuerto anunciado por el piloto de la aeronave, dado al mal tiempo en dicha ciudad. ¿Qué puede hacer un pasajero a 19.000 pies de altura con una noticia como esta? Lo importante es aterrizar, más aún cuando se está en manos de la línea aérea que lamentablemente sufrió un accidente fatal a principios de este año.

En el trayecto de El Vigía a Mérida, que es precioso, transité por uno de los túneles más largos que hay en Venezuela, al menos por los que yo haya pasado. Y el comentario no es por lo extenso, sino por lo limpio e iluminado que estaba (sin duda deja en ridículo a varios túneles de la capital que dan pánico atravesarlos). En las alcabalas, muchos policías recién lanzados al ruedo, de esos que después del estreno pierden el ímpetu por ¿protegernos? En ese punto del país se sintonizan más y con mejor recepción, emisoras colombianas que las propias venezolanas: y en San Antonio del Táchira es peor, recuerdo que de las seis o siete emisoras que sintonicé, sólo una era venezolana. Qué berraquera.

Llegando a Mérida, la neblina fue intensa, y los propios citadinos se agolpaban a las calles para ver cómo la cordillera andina se vestía de liqui-liqui (traje típico de Venezuela), engalanándose para nativos y foráneos. El taxista me dijo: -Uy hermano que suerte tiene usted, mire como está nevando. La prensa local informaba que la ciudad amanecía a diez grados centígrados y que hacia el pico Bolívar la temperatura estaba en cero grados.

Después de cumplidos los compromisos laborales que me llevaron a “la ciudad de los caballeros” como se le adjetiva cariñosamente, pasé por las dos mejores librerías de la ciudad, referentes allí y en todo el país: Librería Temas y La ballena blanca.

La primera, una extensa, amplia y cómoda librería que no tiene nada que envidiarle a las librerías de Caracas (yo diría que en todo caso sería al revés), levantada y consolidada por el esfuerzo del librero Eduardo Castro, su esposa Arinda y su hijo. Les invito –anótenlo en su agenda- a escuchar el programa especial con Librería Temas el domingo 21 de septiembre a partir de las 11:00AM por RCR 750 AM para que escuchen parte de esta sabrosa historia de libros en la voz de su propio fundador.

Los amigos de otras latitudes que pasan por estos escombros, los invito a escucharlo por la web a partir del lunes 22/9 (anótenlo también); la segunda, una librería mucho más pequeña pero muy acogedora y artísticamente impecable, rodeada de fotos tomadas por uno de nuestros principales narradores contemporáneos: Ednodio Quintero (el mismo que está en la foto al lado del café). Lamentablemente su propietario hizo canje de ciudad conmigo: mientras Alejandro Padrón estaba en Caracas, yo estaba por sus predios. Sin embargo, tuve el gusto de conversar con Oswaldo Rondón, encargado de la tienda, con quien compartí unos cuantos cafés mientras hablamos de libros y sus autores. Si llegan a visitar Mérida, les recomiendo un paseo por estas librerías, ambas dotadas con excelente material.

Presto para el retorno y montadísimo en el taxi rumbo al aeropuerto, leo en prensa que la nevada que me recibió en días pasados, fue la más intensa en los últimos nueve años. Debí quedarme en dicha noticia y no pasar la página, pues me conseguí con la aterradora noticia que decía “un avión siglas TAL de la línea aérea TAL, tuvo que aterrizar de emergencia por fallas en uno de sus motores en el aeropuerto de El Vigía”. Se imaginarán que yo me iba a montar en uno de esos aviones de la línea aérea TAL. Sólo faltó que en el aeropuerto estuvieran proyectando una de esas películas de Steven Seagal en donde un grupo de terroristas secuestraban un avión. Comencé con la lectura ofrecida por las seis horas de tortuosa espera en el aeropuerto: El Mundo, de Juan José Millás, un estupendo libro que leí en un ochenta por ciento, ya lo comentaré en mis escombros. La azafata se tropezó y sin querer bautizó el libro con Coca-Cola Light dada una repentina turbulencia (al menos era dietética). Tres millones de disculpas y un “no se preocupe, con tal que lleguemos puede bañar El Mundo con toda la gaseosa que sea”. Y llegamos -a Dios gracias!

Por Jason Maldonado

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2 comentarios to “Librerías en Mérida”

  1. Chassygably Says:

    Kick-ass blogpost, good looking website, added it to my favorites.

  2. oscar Says:

    estoy buscando el mito de las cavernas, platon

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